El Internet de las cosas (IdC): La digitalización del mundo físico

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En  1999 el británico Kevin Ashton utilizó por primera vez en una presentación la frase “Internet of Things“,  sin sospechar que estaba acuñando un término sobre la evolución del Internet. Anteriormente el cofundador de Sun Microsystems William Nelson Joy imaginó un tipo de comunicación que denominó D2D ( Device to Device  o Dispositivo a Dispositivo en español),  idea que no tuvo tanto eco como la de Ashton. Aunque no existe una definición oficial de lo que es el Internet de las Cosas, se puede identificar como el punto en el tiempo en que se conectaron a Internet más objetos que personas, lo que  gracias al incremento del uso de teléfonos inteligentes y otros dispositivos, se estima que sucedió entre los años 2008 y 2009. Un estudio realizado en el 2010 por el Internet Business Solutions Group de Cisco,  estableció el número de dispositivos conectados a internet en 12.5 mil millones, equivalentes a 1.84 dispositivos por cada habitante –6.8 mil millones-, previendo además  que para el año 2020 la cifra será de 50 mil millones.

Los objetos o las cosas que se utilizan en el hogar, en el trabajo  y en cualquier actividad son importantes para las personas, pero requieren  inversión de tiempo y cercania para poder utilizarlos o monitorearlos en función de obtener provecho de los mismos. Al integrar un chip diminuto en cualquier objeto, se facilita a los usuarios la realización de muchas actividades del día a día,  es fácil conocer su ubicación exacta, pero lo más importante es la capacidad de procesar y transmitir información constantemente, transformando nuestra relación con el mundo físico, ya que es posible conectar  cualquier cosa –incluyendo seres vivos– a Internet.

El Internet de las Cosas evolucionó la experiencia de los usuarios con los objetos, principalmente al permitir una interacción a distancia, utilizando el internet como medio para conectar personas y cosas en cualquier parte del planeta. El segundo aspecto de ésta forma de interacción es que los objetos dejan de tener una función pasiva, puesto que transmiten información que libera al usuario de la necesidad de estar preocupado por los mismos objetos. Esta información que comunican los objetos puede ser enviada a diferentes usuarios y a otros objetos, adaptandose a las características de los diferentes destinos de tal forma que, no se requiere de conocimientos especiales para entender la información que se recibe.

Las aplicaciones del Internet de las Cosas son impresionantes, por ejemplo hoy en día vemos en las redes sociales el registro de la distancia y velocidad de quienes practican atletismo o ciclismo en las calles, información que es enviada desde el calzado deportivo o las bicicletas; otra posibilidad es el aviso automático de alimentos próximos a vencer en base a la fecha de caducidad indicada por el proveedor en las etiquetas; es factible también enviar información de nuestra condición de salud al médico, tal es el caso del monitoreo remoto de marcapasos, donde es posible programar de forma automática una cita o generar una alarma de emergencia ante una falla en el ritmo cardiaco.

Al superar las limitaciones de espacio, tiempo y conocimiento que implica la relación con los objetos en el mundo físico, el Internet de las Cosas es una tendencia fuerte, sin embargo, el debe extenderse  más allá de las ventajas técnicas que ofrecen las nuevas tecnologías de la información. La automatización de la relación con los objetos genera una desatención y despreocupación comprensible de los usuarios, lo cual puede en momentos de fallas de los sensores o la comunicación conducir a decisiones erróneas en las personas o la imposibilidad de interpretar los objetos en una forma tradicional. Un ejemplo sencillo es la caducidad de alimentos o medicinas, que ante un mal funcionamiento de los mecanismos que informan a los usuarios, estos podrían consumirlos sin estar conscientes del peligro que esto implica. Otro caso es de  los delitos informáticos, donde el Internet es la vía de acceso a dispositivos que puedan interesar a los criminales ciberneticos, tal es el caso de una red de marcapasos, que ante la falta de seguridad informática podrían ser capturados y manipulados por personas no autorizadas con el fin de obtener alguna recompensa o generar presión por algun interés particular. Otra posibilidad en el campo de los delitos informáticos es el ataque a Infraestructura Crítica, cuyo control se basa en el Internet de las Cosas, tal es el caso estaciones de electricidad, puentes automáticos, represas, cámaras de seguridad etc.

El Internet de las Cosas modifició la forma de relacionarnos con los objetos, desde una perspectiva de la conducta humana puede decirse que también cambio nuestra concepción del mundo. El nivel de interconexión actual es de un nivel sorprendente, que se incrementará mucho más en los próximos años y dificilmente podemos adelantar que novedades traerá la tecnología para la humanidad.

Bibliografía

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